sábado, 17 de septiembre de 2011

Berazachussetts, por Nancy Fernández, El interpretador

Cuatro amigas viven juntas en un departamento sin complicaciones aparentes. Hasta que un día, uno de los habituales paseos toma la forma de un accidente. Apoyada sobre un árbol, una especie de mujer obesa muestra con naturalidad su enorme cuerpo desnudo; atribuyendo el hecho a una serie de violaciones contra mujeres desprevenidas, deciden ayudar a la “zombi” y sin sorpresa aceptan la intromisión; de repente, las costumbres de la extraña caníbal que devora cadáveres, tuerce el curso de sus vidas monótonas llevándolas hacia los destinos de la imprevisibilidad. Berazachussettes es la “localidad” donde transcurren los hechos que en buena medida juegan a desestabilizar los códigos del género policial. Tribus urbanas, políticos corruptos, hijos de políticos corruptos, policía criminal, cantantes bailanteras (pero “reales” como Lía Crucet y Sandra Smith), personajes comunes y rutinarios, son algunos de los ingredientes para realizar humor desopilante sobre la trama de relaciones sociales. Y en parte la visibilidad que mencionaba, tiene que ver con la inscripción de una estética que hace de la imagen visual y del delirio cinético, el eje de un estilo. Leandro Avalos Blacha es el autor de Berazachussettes, un texto que ganó el concurso 2007 en narrativa, impulsado en Estación Pringles, el megaproyecto cultural que lleva a cabo el poeta Arturo Carrera. Avalos Blacha, auspiciado por un jurado que integró César Aira, Daniel Link y Alan Pauls, muestra los resultados de un proceso de aprendizaje y un sistema de citas. Por un lado la dedicatoria “al maestro Lai” (además del título mismo) habla de un préstamo tomado del “realismo delirante” de Alberto Laiseca; por otro, el recurso de la inventiva y la irrupción de acontecimientos que no descartan la singular experiencia de lo real, sin duda remite al propio Aira. Y de Aira sobre todo procede el artificio de hacer literatura con materiales y referentes extra y antiestéticos (en Avalos las opulentas cantantes y en Aira, si lo recordamos, personajes como Marcelo Hugo Tinelli, Carlos Salvador Bilardo, Domingo Cavallo, etc.). En el medio, un narrador en tercera que se propone omnisciente, que juzga, opina, sentencia y observa. Pero más allá de la lectura que tiende a situar una toma de posición en el mapa de la literatura argentina actual, una estrategia de filiación, el texto es producto de un proceso relacional entre literatura y mundo, escritura y vida. En este sentido, las geografías suburbanas, barrios y márgenes territoriales, muestran una materia de la que ya se habían hecho cargo Washington Cucurto (Cosa de negros), Alejandro Rubio (Metal pesado), Juan Incardona (Villa Celina); ese es uno de los puntos donde se reescribe la tradición gauchesca y criollista que funda la literatura argentina en vistas a un proyecto de nación y que aquí, en el presente, se muestra como los escombros identitarios y los fragmentos de la cultura planetaria en la que la cultura argentina ingresa sin haber desarrollado su fase industrial. Entonces, la cotidianeidad y la violencia del transcurrir vernáculo, dejan entrever los síntomas bizarros y sórdidos de una sociedad, de una “vecindad” en franca disolución. Tenemos la “impresión” de conocer aquello que la novela nos cuenta aunque no podamos traducirlo con referencias nítidas. Así desfilan en esta novela de 158 páginas, el mundo de los medios masivos, la televisión, la tecnología al servicio de la pornografía doméstica, las filmaciones caseras subidas a internet y la telefonía celular. El mundo bonaerense al que el título alude, sin embargo, no implica parodia, en tanto selección preconcebida y exagerada de determinados rasgos. Antes bien, Avalos Blacha juega con la re-creación libre e imprevista de un entorno de alucinación y pesadilla.