sábado, 17 de septiembre de 2011

Berazachussetts: Monstruos reconocibles en el conurbano, por Marcelo Guerrieri, Los asesinos tímidos

Berazachussetts, novela de Leandro Ávalos Blacha —ganadora del concurso Indio Rico 2007 con un jurado integrado por Cesar Aira, Daniel Link y Alan Pauls—despliega un muestrario de freaks que hace saltar la linealidad narrativa en una vertiginosa proliferación de historias paralelas.
El inicio plantea un enigma: ¿Quién es esa obesa punk semidesnuda que un grupo de cuatro docentes jubiladas encuentra tirada en medio del bosque? Pronto descubrirán que se trata de Trash, una zombi caníbal, que este grupo de maestras viudas incorporarán a su cofradía. “Los tuppers nunca están de más” le dice Trash a una de ellas mientras introduce en estos recipientes los trozos de los miembros amputados a su reciente víctima. Así nace la afinidad entre estos personajes tan disímiles que conformarán un grupo marcado por la curiosidad de las maestras hacia esta mujer extraña.
“El comienzo de la novela lo dio un personaje de la película El regreso de los muertos vivos, (Dan O’Bannon, 1985) […] Siempre me gustó ese personaje. En mi novela, me interesó retomarlo para imaginarlo en otra etapa de su «vida». Más precisamente, plantarlo en un tiempo y en un punto geográfico cercano o reconocible, aunque siempre distorsionado, y que su propia presencia contribuyera a esa distorsión”[1].
Además de las maestras y Trash, este catálogo de personajes extravagantes incluye a Periquita, una lisiada cruel y extorsionadora; Francisco Saavedra, ex intendente de Berazachussetts, que despliega en su provecho su inmenso poder corrupto; Arevalo —hijo de Saavedra— que con su grupo de “hijos de”, desde la impunidad total, se divierte torturando con exigencias a pobres e indigentes; Noé Galíndez, un constante vaticinador del diluvio universal, que rejunta en su casilla todo tipo de bichos; y Fita, una vieja chismosa, que planea la revolución junto a un grupo al que se sumarán los cadáveres revividos del cementerio del Desaguadero: “chicos muertos por el paco, en tiroteos, por ajustes de cuentas, en intentos de robo, chicas con abortos mal practicados”.
Los personajes y escenarios de la novela se presentan con fuertes contradicciones en tensión; y este procedimiento se despliega desde el título, Berazachussetts —ciudad escenario de la narración—, donde primer y tercer mundo se funden en un nombre que contiene lo antagónico (todas las referencias geográficas están construidas de esta forma: Burzacapulco, Tolosaka, Longchamps Élysée, Boedimburgo, Rin del Plata, Ezpeletámesis…). Lo mismo sucede al nivel de los personajes principales: Trash, una zombi, entidad que contiene el antagonismo extremo de estar muerta y a la vez viva; y la pareja Francisco Saavedra-Dora, antagónica desde su condición económica —ex intendente rico y poderoso con maestra jubilada—, antagonismo que se extiende luego a las remodelaciones que hace Dora a la mansión Saavedra convirtiéndola en engendro kitsch con piletas Pelopincho donde nadan peces exóticos, luces de colores y hamacas de mimbre entre columnas elegantes, palanganas de cemento para remojar los pies en agua salada debajo de cada silla lujosa… Luego, es esta acumulación de tensión la que hace verosímil el desgarro que ejecuta Trash sobre los cuerpos, el canibalismo social que ejecutan los poderosos sobre los pobres de Berazachussetts y la masiva revuelta de toques apocalípticos que estalla en esta tierra devastada. Tironeados por las fuerzas antagónicas que contienen, personajes y escenarios se deforman, se distorsionan, convirtiéndose en monstruos reconocibles en el contexto de un conurbano bonaerense extrañado, en las vísperas del estallido social del 2001 (la moneda circulante es el patachussett, nombre en el que resuena la cuasimoneda bonaerense —el patacón— que circuló durante la agonía del modelo de convertibilidad). De esta forma, Berazachussetts puede leerse como metáfora potente de una realidad social deformada por la tensión extrema, crítica de lo peor del conurbano —cacicazgos políticos, indigencia, brecha obscena entre ricos y pobres— en el marco del desastre social configurado durante los 90.

[1] Leandro Ávalos Blacha, en Periódico Plurarl Nro 22, Bs.As., 2009

Artificios de superficio, por Jorge Consiglio, ADN cultura

Ya en la primera escena de Berazachussetts , novela con la que Leandro Ávalos Blacha ganó el Premio Indio Rico 2007 cuyo jurado estuvo integrado por César Aira, Daniel Link y Alan Pauls, se evidencia la clave que será el punto de apoyo del resto del texto. Hay cuatro amigas que caminan por un bosque con la idea de tomar unos mates y que descubren a una gorda punk semidesnuda, inconsciente, apoyada contra un tronco. Formulan hipótesis sobre cómo pudo haber llegado a ese lugar. Una de las amigas le saca fotos. Finalmente deciden llevarla al departamento que comparten. Más que la voz del narrador son los hechos mismos los que sostienen la figura que impondrá el rumbo de lectura: el sarcasmo. Un sarcasmo que, para encontrar sus raíces, abrevará en un grotesco que se asienta en la inmediatez y en lo "bizarro", rasgo que será explorado con esmero en la trama.
Luego del hallazgo de Trash, la gorda punk, el foco de la acción se abre en cuatro líneas y se corresponde con el destino de cada una de las amigas. Estos diferentes rumbos se suceden como fragmentos que establecen un ritmo sincopado pero, como el hilvanado de la historia no reporta complejidad alguna, el resultado es una sustancia narrativa abierta, de lectura fluida y ligera. Este recurso favorece la tensión de la intriga. Aunque velado, el escenario de la novela es reconocible, sobre todo por los nombres distorsionados de las localidades en las que transcurren los hechos: Berazachussetts, las playas de Burzacapulco, Tolosaka, las aguas del Ezpeletámesis, Lomas de Zamibia, Longchamps ...lysée. La acción parece tener lugar en el sur del conurbano bonaerense; lo notable es que el germen de esta incerteza se vincula con el modo en que el relato desdibuja o retuerce toda referencia precisa para alejarla de su eventual modelo. El universo ficcional, entonces, adquiere una cotidianidad extrañada. Todos los personajes de la novela de Ávalos Blacha son planos y no logran escapar de la rigidez impuesta por una férrea tipología. La gorda punk, de la que en seguida nos enteramos de que se trata de una zombie antropófaga, funciona como disparadora de los destinos de los otros personajes. La elección de esta clase de personajes, cuya entidad remite al maniqueísmo propio de las historietas, no es casual ni arbitraria sino que aporta un ingrediente más a la estética que sostiene el texto y que se completa con dos aspectos: la relación del poder con el abuso y la crueldad, y la miseria como espectáculo.
Berazachussetts es, en suma, un ejercicio narrativo con más herencia cinematográfica que literaria. Un ejercicio que, más allá de los giros de su artificio, no logra encontrar el resorte indispensable para alejarse de la más absoluta superficie.

Berazachussetts, por Nicolás Posse, No retornable

Berazachussetts, ganadora del premio Indio Rico, con un jurado compuesto por César Aira, Daniel Link y Alan Pauls, es una novela original no por la historia en sí, sino por el tratamiento ficcional que el autor logra con la realidad. Ávalos Blacha distorsiona el universo real del conurbano para entregarnos una novela con matices cómicos y crítica social al mismo tiempo. Sin embargo, no falta lo bizarro y lo grotesco gracias a los personajes que aparecen en el relato, como Trash, la zombie obesa, o Periquita, la ídola de Berazachussetts, una paralítica que tiene un monumento en la plaza principal de esta localidad tan particular.
El relato comienza con un grupo de amigas solteras que viven juntas: Dora, Milka, Susana y Beatriz. Pero todo cambia cuando ellas conocen a Trash, una zombie que come carne humana. Desde la aparición de Trash la novela se mantiene en un movimiento constante, contando a la vez historias independientes y disparatadas a medida que sigue a sus protagonistas, como Trash, Dora, Francisco Saavedra-el ex intendente de Berazachussetts-, Milka y Periquita. Por esa característica, es una novela coral donde no existe un protagonista único, y lo que interesa es lo que está ocurriendo en el universo de Berazachussetts.
Los personajes son todos grotescos, porque siempre quieren ser lo que no son: así Dora, una mujer vulgar-por no decir “cabeza”-termina saliendo con Francisco y se cree fina, para luego redecorar su mansión elegante y transformarla de acuerdo a su gusto “grasa”. Posteriormente, ella armará una banda de cumbia. Así Arévalo, el hijo de Francisco, que critica a su padre por salir con una “negra”, termina haciéndole el amor a Periquita, la paralítica, en una escena del todo grotesca. Pero no sólo los personajes no son lo que quieren ser, porque en Berazachussetts existen recámaras frigoríficas que albergan pingüinos para que la ciudad luzca más “invernal”. Por otro lado, los nombres de lugares que aparecen en el relato delatan una geografía conocida por todos nosotros, como el Rin del Plata, Ezpeletámesis, Lomas de Zamibia, Cambollaneda, etc.
En sintonía con el tono bizarro de la novela -por sus personajes-, se suceden muertes que son contadas con una naturalidad que marca el tono desenfadado del narrador, al mismo tiempo que lo bizarro y lo grotesco nunca dejan de marcar a los episodios trágicos. El tono de lo que se narra nunca es realista, y tal vez esta sea una de las características de muchos de los relatos que nos brindan hoy en día los nuevos escritores argentinos, más cercanos a urdir la ficción de lo real con libertad y desenfado que con un tratamiento rigurosamente realista. Así el jurado que premió a la novela dice que el relato “conecta con las más desenfadadas tendencias de la literatura actual, reclama una reflexión sobre las complejas y muchas veces absurdas relaciones entre realidad y mundo social. (…) Tritura las convenciones del género, y hace coincidir los motivos más emblemáticos de la cultura chatarra de nuestros días con la geografía del conurbano bonaerense (…)”.
El final del relato, lejos de mantener la tónica de otras novelas, tiene ecos de lo que sucedió en aquel fatídico 2001. La ciudad asiste a su fin gracias a una invasión de zombies, hecho que le imprime un final apocalíptico al relato, al mismo tiempo que refuerza el constante tono bizarro de la novela como modo de ver, analizar y criticar la realidad argentina, plasmada a lo largo de todo el universo que configura Berazachussetts.

Retrato de una ciudad extraña, por Guido Carelli Lynch, Revista Ñ

Así como García Márquez deformó la realidad de la caribeña Aracataca para esconderla y alumbrarla por la eternidad detrás del más increíble Macondo, Leandro Ávalos Blacha distorsiona en Berazachussetts la sordidez y la malaria del postergado conurbano bonaerense a través de un tono hilarante y cáustico.
A través de la historia de cuatro amigas y docentes retiradas, una zombie punk y la fauna de esta ciudad a la vez posible y fantástica, este joven narrador (28 años), discípulo de Alberto Laiseca, no abandona el ritmo ascendente de sus provocaciones, que sirven para rememorar la eclosión social de diciembre de 2001. Ávalos Blacha pone en juego y con éxito la coherencia íntegra del texto al retratar de manera independiente las historias siempre entrlazadas de los habitantes de Berazachussetts. Los pormenores del caudillo Saavedra acosado por el fantasma de su ex mujer y por los modales de su nueva amante, las estrategias manipuladoras de la lisiada heroína de la ciudad, Periquita, y el misticismo apocalíptico de Noé González son los engranajes de este genuino y deformado retrato de las complejas relaciones sociales que ofrece la frontera del sistema con el universo de los excluidos.
Sin embargo, los guiños autorreferenciales acaban, en ciertos momentos, por minar la efectividad del humor que se impone con semejantes personajes. La meca del cine de Pehuajollywood, la despreciable moneda –los patachussetts– y hasta Lía Crucet y Sandra Smith a la cabeza de un nuevo grupo de cumbia, son recursos más efectistas que efectivos.
La estructura de esta novela breve facilita una lectura ávida y particularmente lúdica. Esa conquista del flamante ganador del premio Indio Rico, del que fueron jurados Alan Pauls, Daniel Link y César Aira, no oscura la áspera y trillada verdad de una realidad cercana e inverosímil que supera a fin de cuentas la más imaginativa de las ficciones.

sábado, 21 de mayo de 2011

martes, 9 de noviembre de 2010

¡El premio Clarin para Nielsen!

http://www.clarin.com/sociedad/Premio-Clarin-Novela-horas-revelacion_0_368963337.html

viernes, 29 de octubre de 2010

Hoy